Super Bowl LX: El retorno de la Bestia

 

bostonherald.com

El fútbol americano, en su esencia más pura, siempre termina por darnos la razón: doce años después de aquella exhibición en Nueva Jersey, los Seattle Seahawks volvieron a demostrar que el juego terrestre y la agresividad defensiva son argumentos irrefutables de este deporte. En el Levi’s Stadium, Seattle no solo venció a los Patriots 29-13; los desmanteló física y psicológicamente.

El guion parecía escrito por la nostalgia. De un lado, el intento de renacimiento de New England con Drake Maye buscando el aura de los viejos tiempos; del otro, un Seattle que llegó a Santa Clara no para jugar un partido, sino para reclamar un territorio que el destino le debía.

"Dark Side": La defensa como castigo

Si en 2014 fue la Legion of Boom, en el Super Bowl LX fue una unidad asfixiante bajo el mando de Aden Durde la que dictó sentencia, con el mismo ADN de aquella oportunidad. La defensa de Seattle no jugó al ajedrez; jugó al choque. Con una tasa de presión del 52.8% —la más alta registrada en un Super Bowl desde 2018—, Seattle convirtió el pocket de Drake Maye en una jaula. El balance final es una carnicería estadística: 6 capturas (sacks), dos intercepciones y un balón suelto provocado.

A diferencia de la Legion of Boom, que dominaba desde el perímetro, este "Dark Side" destruyó el juego desde el interior, limitando a los Patriots a apenas 78 yardas totales durante los tres primeros cuartos. El pick-six que selló el destino del partido fue el eco perfecto de aquella intercepción de Malcolm Smith a Peyton Manning... Sin embargo, lo de Seahawks no fue solo estrategia, sino una cacería y con rudeza anularon la voluntad de su rival.

Kenneth Walker III: El héroe terrenal

Mientras los seguidores de la NFL están obsesionados con el juego aéreo, Seattle recordó que el Vince Lombardi se gana en las trincheras. Kenneth Walker III fue un martillo: 27 acarreos y una voluntad inquebrantable que convirtió cada segundo en un calvario para New England. Además, con sus 135 yardas, firmó la actuación terrestre más dominante en un Super Bowl desde Terrell Davis en 1998. No hubo sutileza, hubo tracción. Walker no buscó el hueco, lo fabricó, devolviéndole a Seattle esa identidad de equipo "golpeador" que parecía dormida. Fue el MVP de la resistencia.

El factor Darnold

La redención tiene nombre y apellido. Sam Darnold, el hombre que muchos dieron por acabado en las sombras de la liga, encontró su luz en el momento más oscuro. No necesitó ser un héroe épico, solo un administrador eficiente de la ventaja. Con 19 pases completos, 202 yardas y un envío quirúrgico a AJ Barner, cumplió con la premisa histórica de los Seahawks ganadores: proteger el ovoide y dejar que la defensa y el juego terrestre hagan el trabajo sucio.

El arquitecto del miedo

Si Pete Carroll fue el motivador que inyectó energía a una ciudad hambrienta en 2014, Mike Macdonald se ha consolidado en Santa Clara como el estratega clínico que transformó el miedo en una ciencia. Macdonald depuró una cultura heredada y, bajo su mando, los Seahawks han dejado de ser un equipo de "rachas" para convertirse en una maquinaria de demolición.

Seattle vuelve a la cima de la NFL bajo la misma premisa que los hizo grandes porque el fútbol americano sigue siendo un deporte de contacto, de voluntad y de hombres que no le temen al barro. Este segundo anillo no es un accidente del destino, sino el resultado de un sistema donde la agresividad está subordinada al orden.

La Bestia ha despertado, y esta vez, no tiene intenciones de volver a dormir. El "Football" ha regresado a casa, y su corona brilla con el fuego de los que nunca se rindieron.


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