¡Manning está vivo!

Broncos regresa al Super Bowl tras haber eliminado a Patriots, con la recuperación de Peyton Manning, quien anotó dos touchdowns vitales. Además, la defensiva impenetrable detuvo a Brady durante tres períodos y obligó a New England a cometer errores increíbles.
Pocos imaginaron este desenlace: Peyton Manning despidiendo a Tom Brady y deseándole un próspero 2016. El quarterback de Broncos se debía un partido semejante; siendo una pieza clave y demostrando vigencia. La temporada regular para Manning fue olvidable, con registros de un ex jugador y una lesión que lo marginó durante seis semanas. El partido divisional ante Steelers tampoco fue bueno y Broncos salió fortalecido por las ausencias del rival.

Hasta aquí, el mérito del equipo de Colorado fue prácticamente exclusivo de su defensiva, la unidad más poderosa de toda la NFL. Con ese argumento, Denver llegó a la final de la AFC, sumado al trabajo de C.J. Anderson y Ronnie Hillman, que sumaron yardas terrestres ante la flaqueza de los pases de Manning. La mira siempre apuntó hacia el mismo lugar, donde se divisaba un retiro inminente y un final esperable. Sin embargo, nada de ello ocurrió porque el Ave Fénix resurgió de las cenizas al impedirle a New England una nueva participación en el tazón.

El público estaba dividido porque Brock Osweiler había reemplazado al líder con buenas actuaciones y números sorprendentes. La lesión de Peyton no intimidó a Gary Kubiak y el veterano mariscal de campo fue titular en la final. En un partido decisivo, un deportista de elite lesionado o desgastado es más valioso que un reemplazante en plenitud. La experiencia es vital para este tipo de duelos y Broncos recurrió a la leyenda.

Las voces críticas dirán que Brady lanzó más yardas que Manning o que el partido lo ganó la defensiva, pero es innegable que los encuentros entre el quarterback y Owen Daniels sentenciaron el partido por diversos factores. En primer lugar, esos pases de anotación revitalizaron al hombre golpeado y lo erigieron para su redención. Broncos lució como un equipo poderoso con esos touchdowns, doblegando al favorito hasta la humillación deportiva. David y Goliat intercambiaron sus tamaños.

El plan de Bill Belichick solo tenía una dirección: lanzar. Sin LeGarrette Blount, Patriots perdió lo poco que generaba por tierra en la campaña y su ausencia resultó más importante de lo esperado. Dicen los expertos que para perforar las defensivas impenetrables, como la de Denver, hay que correr para lograr desgastar a los frontales hasta generar una grieta. New England intentó correr en 17 ocasiones, mientras que el promedio durante la temporada fue de 24 por juego. Algo similar sucedió en el duelo de noviembre, cuando Patriots corrió apenas 16 veces y cayó en tiempo extra.

La presión de Broncos fue demasiado para la línea ofensiva “patriota”, que a veces desprotegió a Brady, un pistolero generalmente veloz y efectivo, y que en otras ocasiones no empujó demasiado. El quarterback se sintió apremiado y notó que las rutas aéreas confiables estaban obstruidas. Así, él también se equivocó y fue interceptado dos veces, aunque se animó a correr un poco más que sus runningbacks. Nada alcanzó. Y hasta el pateador Stephen Gostkowski erró un punto extra por primera vez en su carrera profesional. Hubieron errores de todos: de la defensiva, de quien propone la estrategia y el plan de juego y del indiscutido quarterback.

El valor de la defensa de Broncos es prioritario para evaluar la campaña, pero sería injusto menospreciar el trabajo de Peyton Manning ante New England. Un quarterback predestinado a sucumbir en playoffs -según los augurios de los “profetas”-, que jugó su peor campaña en la NFL y que ya no posee el brazo de antaño pudo jugar, al menos, unos cuantos minutos acorde a su talla histórica. Reavivó su espíritu y reanimó a la ofensiva.  

Manning generó que sus receptores -Thomas, Sanders y Daniels- se olviden de los errores y crean nuevamente en él. Alimentó el sueño de lo posible con pases certeros y dos touchdowns que dolieron demasiado. Pegó poco, pero resultó efectivo. No fue interceptado, su astilla de 2015. Y solo un líder de elite –con 39 años- puede lograr un nocaut semejante. 

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