Según reportó Jordan Raanan en ESPN, el caso del MetLife Stadium es el más representativo. El estadio que comparten New York Giants y New York Jets, que fue renombrado como “New York New Jersey Stadium” para el Mundial —la FIFA no permite sponsors en la denominación— , hoy presenta varias capas de arena y césped natural montadas sobre la base sintética. La instalación es temporal: cuando finalice el torneo, la superficie volverá a ser artificial.
“Es molesto”, definió Jermaine Eluemunor, liniero ofensivo de los Giants, en diálogo con ESPN. “Es agradable jugar sobre hierba”. El testimonio refleja una postura mayoritaria en los vestuarios de la liga. De los 30 estadios de la NFL, 15 utilizan césped natural y 15 sintético. Los jugadores que alternan ambas superficies señalan diferencias físicas significativas en la recuperación posterior a los partidos: el cuerpo sufre menos con pasto.
Durante años, la NFL sostuvo que el césped sintético ofrecía mayor seguridad frente a lesiones. Ese dato fue revisado por la propia liga. En enero, durante la conferencia de prensa anual del Super Bowl, el Dr. Allen Sills, director médico de la NFL, presentó estadísticas actualizadas: 0,43 lesiones cada 100 jugadas en superficie artificial contra 0,42 en césped natural.
La diferencia, según los jugadores, no está en la tasa de lesiones agudas sino en el desgaste. “Después de jugar en césped artificial me duelen las rodillas y los tobillos”, explicó Brenden Schooler, safety de los New England Patriots. “Es más duro para el cuerpo. Si tengo la opción, prefiero césped natural”. El planteo apunta a la longevidad de las carreras profesionales y al cuidado de las articulaciones.
Si la Copa del Mundo demostró la viabilidad técnica de instalar césped natural incluso en estadios cerrados, la pregunta es por qué la NFL no adopta esa superficie de forma permanente en las 15 sedes que aún usan sintético. Jerry Jones, propietario y gerente general de los Dallas Cowboys, fue brutalmente honesto a principios de este año: “No creemos que sea más seguro jugar en un campo de césped natural. El artificial mejora la rentabilidad. Nuestros jugadores son los mayores beneficiarios. Así que estoy trabajando para ti, cariño, ¿de acuerdo?, si eres jugador”.
Jones, de 89 años y una de las voces con más peso entre los dueños de la liga, enfrenta hoy demandas por agresión sexual y una batalla legal por paternidad. Pero su lógica financiera sigue marcando agenda: los estadios son multievento. Albergan desde fútbol americano universitario y de secundaria hasta conciertos, monster trucks y rodeos. Todo en plena temporada de NFL. El sintético aguanta ese trajín. El pasto, no.
“Hay problemas con el clima y cómo lograrlo”, admitió Harrison Phillips, liniero defensivo de los Jets e integrante del comité ejecutivo de la NFLPA. “Pero si encontraron una solución para la FIFA y para otras organizaciones, probablemente puedan encontrarla para nosotros”.
El Hard Rock Stadium, casa de los Miami Dolphins, es una de las excepciones. El estadio modificó su estructura y hoy cultiva su propio césped en la South Florida Sod Farm, propiedad de la franquicia. La superficie se reemplaza incluso de forma mensual, favorecida por las condiciones climáticas de Florida. Pero no todos cuentan con esa ventaja, como sucede en los estados del noroeste.
Para el Mundial, científicos de Michigan State y Tennessee utilizaron simuladores que reproducen el impacto de un jugador de 77 kilos contra la superficie. En la NFL, las exigencias son distintas: linieros de más de 136 kilos ejercen fuerza en cada jugada, y las prioridades pasan por la tracción, la tolerancia al deslizamiento y la resistencia al cambio de dirección, no por cómo rebota o rueda el balón.
El mantenimiento es otro punto crítico. Con la cantidad de eventos que concentran los estadios, los equipos de campo deben garantizar que la superficie cumpla los estándares de la liga para cada partido. Esa logística, hoy, es más simple con sintético.
Por ahora, los jugadores disfrutan el Mundial y añoran lo que ven. “Los chicos se van a frustrar”, anticipó JC Tretter, director del sindicato de jugadores. “Será frustrante en unos meses cuando vean con qué rapidez vuelven a instalar el campo de césped artificial”.
La Copa del Mundo dejó dos certezas: es técnicamente posible tener césped natural en los 30 estadios de la NFL. Y también que, para la mitad de las franquicias, la ecuación económica sigue inclinando la balanza hacia el sintético. El reclamo de los jugadores permanece, pero la decisión final es de los propietarios.
Para la FIFA, el césped es innegociable. Para los dueños de la NFL, la rentabilidad también.

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